Aumentó un 10% la atención durante el último año
Los índices de desocupación, que ubican a Rosario en un 12,8% según el Indec, generaron que los efectores de la ciudad tuvieran que recibir unas 40 mil personas más, obligadas a atenderse en la salud pública por la pérdida de la cobertura sanitaria.
Ignacio Pellizzón
redaccion@miradorprovincial.com
Cuando una persona es despedida de su trabajo formal, es empujada fuera del sistema. No sólo pasa a ocupar una cifra dentro de las estadísticas de desocupación, sino que debe resolver cómo ampararse frente a la nueva desprotección social.
La mayoría de los empleados en “blanco” tienen obra social o destinan una porción de su salario aparte para mantener una prepaga, ya sea para ellos como para sus familiares. Al quedarse en la calle, deben lidiar con infinitos inconvenientes a resolver. Uno de los más importantes es la Salud. El hecho de haber perdido la cobertura sanitaria o no poder seguir pagando una medicina privada, indefectiblemente se ven obligados a recurrir a los efectores públicos de la ciudad.
“Cada vez tenemos más demanda en la salud pública por la pérdida de fuentes de trabajo”, así lo expresó la intendenta de Rosario, Mónica Fein, sobre una de las tristes facetas que genera la crisis económica que se viene atravesando desde hace más de un año.
Las últimas cifras difundidas por el Indec sobre el último cuatrimestre del 2018 amparan el
argumento de la mandataria de Rosario sobre el desempleo. Según el organismo nacional, a nivel país la pérdida de empleo formal alcanza a 260 mil puestos de trabajo, pero como la encuesta incluye solo 31 conglomerados nacionales, representa al 62% de la población total. Si se extiende la cifra de cantidad de desempleados a toda la población, la variación fue en realidad de 417.000.
En Rosario el índice de desocupación llegó a un nivel preocupante: 12,8%. Se trata de una cifra mayor a la última recaída económica que se sufrió en el 2006 y 2009. Es decir, el mercado de trabajo de la región perdió 25 mil ocupados y se sumaron 32 mil desocupados, siempre hablando de trabajo formal y del último cuatrimestre del 2018, con lo cual los números pueden haber empeorado.
Le pone el pecho
Lo más duro de ser un reciente excluido del mundo laboral formal es que uno pierde de golpe y porrazo un sistema de cobertura social, lo que obliga a tener que contratar algún servicio prepago, lo más infrecuente cuando se pierde el principal sueldo, o comenzar a utilizar el sistema de Salud Pública, uno de los ejes de campaña del socialismo históricamente.
Si bien hay un presupuesto anual aprobado para atender una demanda constante en los hospitales y efectores de la ciudad, incluyendo los gastos corrientes, medicamentos, entre otros, las crisis económicas como la actual, desestabilizan cualquier proyección que se puede intentar llevar a cabo en un mediano plazo, sumando como agravante la inflación más devaluación.
En resumidas cuentas, el sistema de salud pública tiene como segunda razón de ser ponerle el pecho, como se dice en la jerga callejera, amortiguar la caída de los excluidos para que puedan seguir ejerciendo su derecho a la salud.
Números duros
En diciembre del 2017 la secretaría de Salud de la Municipalidad destinó millones para la entrega de medicamentos en 50 centros de salud. Exactamente un año después, es decir, diciembre de 2018 la suma se incrementó a casi el doble: millones, según los datos a los que accedió Mirador Provincial.
El incremento en promedio es del 10%, pero la suba de los costos oscila entre el 50% y 100%, según la droga o descartable, como consecuencia de la devaluación.
Lo más resonante en cuanto a “ponerle el pecho” a los despedidos, es que los pacientes atendidos en efectores públicos durante el 2018 subieron de 310 mil a 350 mil. De esos 40 mil (son 10 mil historias clínicas familiares), de los cuales más de la mitad se explica por la pérdida de empleo y de cobertura médica.





















