Fútbol infantil
Héctor Petete Rebeque dirige la Escuela de Fútbol Infantil Santa Lucía desde hace más de 14 años, con el objetivo de contener y formar a los gurises del barrio. Actualmente está a cargo de casi 100 chicos, a los que no les cobra ningún tipo de cuota y les gestiona elementos de trabajo e indumentaria deportiva. Además, se encarga de que compartan una merienda luego de cada entrenamiento.
Víctor Ludi
Las tardes en el barrio Santa Lucía de Paraná se desarrollan acompañadas de un bullicio intenso, pero con una sensación de compañerismo y amistad pocas veces vistas en otros ámbitos. El polideportivo sito sobre la calle Dr. Rancillac es el escenario donde lunes, miércoles y viernes un grupo de casi 100 chicos se reúnen a jugar al fútbol y, sobre todas las cosas, compartir un grato momento entre amigos y amigas que se divierten sanamente corriendo detrás de una pelota. Los compromisos con las prácticas, que se desarrollan de 17.30 a 19.30, se respetan casi religiosamente, sin importar las condiciones del tiempo.
Allí, los gurises son felices pese a contar con escasos recursos e infraestructura, porque estas deficiencias son compensadas con el entusiasmo, pasión y sentido de pertenencia que les transmite quien está a cargo de la Escuela de Fútbol Infantil Santa Lucía, Héctor Rebeque. Petete, como lo llaman sus alumnos y todo el barrio, lleva más de 14 años realizando un trabajo de hormiga en el que también se encarga de gestionar para conseguirles elementos de trabajo, indumentaria y, además, facturas para que puedan compartir una merienda luego de cada entrenamiento, sin cobrarle ningún tipo de cuota a cambio. Junto a él trabajan su esposa Paola Giménez, la coordinadora de la escuela, y los profesores Florencio Arteaga y Tomás Pauletti.
Cada práctica se desarrolla en un marco de respeto y compañerismo, ya que hay un código de convivencia implícito, pero que los chicos cumplen a rajatabla. Tampoco hay retos ni reproches por parte del DT, no son necesarios ya que sus pequeños jugadores entienden cómo deben comportarse. Los chicos lo ven a él como un referente y líder, al que quieren, respetan y obedecen.
Mirador Entre Ríos se enteró del denodado trabajo que lleva a cabo Rebeque y lo visitó durante una jornada de entrenamiento.
“Actualmente estamos trabajamos con chicos de las categorías 2011 hasta la 2005. No podemos abarcar a chicos más grandes por el tamaño de la cancha. Son todos del barrio o zonas cercanas y se realiza un trabajo de contención para que ellos puedan disfrutar de su potero. Empezamos en 2005, con la intención de que ellos se diviertan sanamente, en una canchita muy chiquita, con solo ocho chicos y poco a poco fue creciendo con el boca a boca. Así fuimos agarrando viaje y el trabajo perduró en el tiempo porque creo que la clave es que es un trabajo que sale desde el corazón. Tenemos como objetivo alejar a los chicos de los peligros que hay en las calles. Algunos chicos que estuvieron conmigo años atrás, ahora me mandan a sus hijos porque saben que acá los vamos a ayudar a que sean buenas personas”, explicó y añadió que “lo que más valoramos es que ellos no hacen diferencias entre sí, sino que nenes y nenas juegan y se divierten todos juntos. Saben que acá no se dicen malas palabras ni tampoco se reprochan entre compañeros, porque los suspendemos por una semana de no poder participar de los partidos. Igualmente casi no son necesarios estos castigos porque no dan motivos. Además, siempre remarco como valoran y quieren este lugar, ya que plantaron árboles y se encargan de que esté limpio porque nunca los van a ver tirando un papel. Esos valores tratamos de transmitirles”.
Su escuela y la mayoría de sus alumnos son humildes y, por ello, cualquier colaboración es bien recibida: “Hay veces que nos dan medias o botines usados y a nosotros todo nos sirve. Si el botín está gastado, lo cosemos, lustramos y le damos uso. Cualquier tipo de ayuda nos viene bien y los chicos son muy agradecidos”.
La competencia
Además de un lugar de contención, a la Escuela de Fútbol Infantil Santa Lucía la invitan a competir en los distintos torneos que se organizan en la capital entrerriana. Por razones estrictamente económicas, no pueden aceptar todas las invitaciones pero cada vez que pueden participan en los certámenes. “Hay veces que entre todos juntamos plata para poder ayudar a los chicos que no pueden pagar su inscripción. Lamentablemente no podemos hacerlo siempre, pero tengo una satisfacción muy grande porque siempre tienen buenas referencias nuestras. La conducta de los chicos es ejemplar, ya que nunca tuvimos ningún inconveniente. Varios profes de equipos rivales me han felicitado por cómo se comportan adentro de la cancha. En cada torneo me encargo que jueguen todos, así sean cinco o 10 minutos, porque así ellos son felices”, dijo con orgullo Héctor.
Sus energías
Petete es un laburante que trabaja en un molino arrocero y, cuando los números no cierran, hace changas de herrería para ayudar a que no le falte nada a su familia. Pero por más larga y agotadora que sea su jornada, no existe argumento válido para dejar de estar firme frente al numeroso grupo de chicos.
“Yo me levanto muy temprano a trabajar pero por más cansado que esté no puedo faltar. Además, si se acerca la hora de la práctica y no llego, los chicos me van a buscar a mi casa, que está a dos cuadras de la cancha. Sé que si yo aflojo se puede perder este trabajo y eso no nos puede suceder nunca”.
Los anhelos
Hay que soñar porque los sueños se cumplen, por más difíciles que se vean. Y, como cualquier persona, el encargado de la Escuela de Fútbol Infantil Santa Lucía tiene los suyos. Cuando se le consultó cuáles son, remarcó dos: “En primer lugar, me gustaría que los chicos puedan contar con baños y vestuarios en nuestra cancha, ya que nos ayudaría muchísimo a poder organizar encuentros y torneos de fútbol infantil. Luego, sería un sueño poder contar con una cancha grande para que las categorías mayores puedan trabajar acá. También, como un gusto, me encantaría llevarlos (a sus alumnos) a Buenos Aires, para que puedan conocer las canchas de River, Boca o del club que fueran”.





















