jueves, mayo 7 2026

Sandro Galasso

A veces, por el motivo que fuere, los casos no se trasladan a la policía. Es entonces cuando,desde una esquina discreta, aparecen los investigadores privados. 

Alejandra Rey
redaccion@miradorprovincial.com

—-¿Tuvo que matar alguna vez?
—¡No! Yo investigo.
—Pero va armado.
—A veces.
Esta cronista prefiere no preguntar si ahora, en la esquina de Pellegrini y Ovidio Lagos, el hombre que toma té, que ya resolvió más de 5.000 casos y que se le anima al perfil psicológico criminal a partir de una autopsia, está calzado.
Mucho cine; demasiados libros piensa la cronista-. ¿Qué esperabas? ¿Al personaje de Raymond Chandler? Porque no se le parece, vea: Sandro Galasso va sin sombrero, no se pide wisky sin hielo a esta hora, es casado, tiene dos hijos, curiosamente maneja un viejísimo celular “porque son los que mejor andan”, pero confiesa que es muy hábil con la tecnología, algo imprescindible para alguien que se gana la vida como investigador privado.
Pragmático como Hercules Poirot, nuestro entrevistado habla con estadísticas: “Manejé 4500 casos de infidelidad -es lo más frecuente en este oficio-, 1055 de índole comercial y laboral, 379 vinculados con sectas, 138 búsquedas de paraderos y 124 vinculados con lo criminal y las estafas”.
Los clientes lo llaman Detective y a él le encanta, porque es eso finalmente, un hombre que bucea en lo que nadie quiere: las mentiras, los engaños, el crimen, ese costado tan dañino de la gente, tan mezquino, que hasta lleva a matar o morir.
Por eso ha tenido como clientes a futbolistas que desconfían de sus managers, políticos, actores; viaja adonde le dicen que vaya y asegura que cada vez son más los padres que lo contratan para ver qué hacen sus hijos y, sobre todo, si están vinculados con las drogas: “Si se los saca a tiempo pueden curarse”, confiesa.
—¿Cuál fue su primer caso en Rosario?
—El paradero de una chica que había sido captada por una secta umbanda. Tenía 19 años y por suerte la encontré viva y sana 25 días después de que me contrataron. Pero le habían lavado el cerebro.

Daños colaterales
—Eso puede ser peligroso. Me refiero a que los clientes pueden llegar a usted para que averigüe cosas y luego volverse locos y matar al investigado.
—Sí, pero no lo puedo evitar. Mirá, yo preparo siempre al cliente, hago un trabajo psicológico para que se prepare para lo peor… Si no ponés los nombres, te cuento.
—Obvio.
—Tuve un caso, el de una mujer de 37 años que le decía al marido que venía acá, a Rosario, al psicólogo, lo que era verdad, pero después de analizarse se encontraba con un fulano y se iban al mueble. Hice fotos y le di al cliente pruebas informativas firmadas por si quería utilizarlo en un juzgado. El tipo fue a su casa y le tiró las imágenes sobre la mesa. Al día siguiente la mina se pegó un tiro.
—¡Noooooo!
—Sí, me sentí mal, pero no es lo habitual. Lo que pasa es que tengo clientes fieles, buenas personas y otros que son locos, malos, envidiosos y contratan mis servicios para después hacer daño. Eso pasa mucho con las cuestiones de sucesión, por cuestiones de plata. Una vez vino un tipo a pedirme que investigara al padrastro porque sospechaba que la estafaba a la madre. Pero mientras íbamos charlando, el tipo me tiró la onda para que lo matara directamente. Le dije: “Yo no soy un sicario”. Y me respondió: “Bueno, quería hacer un combo”.

Zona de riesgo
—¿Cuáles son los barrios más bravos para ir a trabajar?
—Yo me disfrazo cuando investigo y hay zonas en las que me hago el vendedor de limones, o de papel higiénico por ejemplo. Me disfrazo y hablo como se hace en el sitio donde investigo. Dejame pensar: La Tablada, Las Flores, Triángulo y Empalme Granero. Esos son lugares muy difíciles y ni la cana puede entrar. Para algunas personas yo soy el último recurso y la mejor solución.
—¿Y qué elementos utiliza?
—Los que necesito. Para las infidelidades suelo usar un localizador, que le doy al cliente para que lo ponga en el auto. Se usa así… (Se queda callado). Pero no lo digas. Te explico… (Cuenta, muestra con ademanes cómo se hace)
—¿Y no se dan cuenta? Es muy sencillo.
—Jaja, no, si está bien puesto donde te dije, no se avivan.
—¿Estudió técnicas con algún servicio de inteligencia?
—¡No te puedo contestar eso!
—Bueno, acaba de hacerlo.
—Sólo te voy a decir que en la Argentina hay un buen servicio investigativo porque junta el método deductivo francés, el de laboratorio de los Estados Unidos y el de interrogatorio de los ingleses.
—¿Y por qué con todo eso hay tanto desaparecido, cómo Julio López?
—¡Porque eliminaron el cuerpo! Igual que el de Erica Soriano: a ella la incineraron.
—¿Paga informantes?
—Tengo una red de personas que me ayuda. Pago información, por ejemplo, la lista de llamados que hizo una persona: eso es fundamental para encontrar a alguien. Mirá, si yo cobro 10.000 pesos para un paradero simple, 5000 son para gastos.
—Además de las infidelidades, ¿qué es de lo que más se encarga?
—Hay mucha desconfianza entre socios, por ejemplo, y vienen a contratarme para ver si hay estafa. Lo comercial es muy difícil porque la gente pone mucho empeño en engañar, pero siempre dejan rastros.
—¿Quiénes contratan sus servicios?
—Gente de clase media generalmente, pero también de clase baja: a ellos la policía no las da bola.

Submundo
—Cuénteme algún caso concreto que haya investigado.
—En 1995 hubo un asesinato que la policía caratuló como muerte en tentativa de robo, pero se pudo demostrar que había sido por encargo. Era un gay, un pibe buenísimo, que ayudaba mucho a su madre. Él tenía 25 años y se enamoró de uno de 38, que a su vez salía con otro hombre de más de 40. Bueno, este último contrató a un sicario, un preso que salía a hacer trabajitos de acuerdo con la policía, pero que figuraba como detenido, así armaban una buena coartada. El pibe bajó del bondi, caminó una cuadra y lo apuñalaron, pero estaba muy cerca de la comisaría y se arrastró hasta ahí, donde murió. Lo trabajé mucho y al final demostré que había sido un asesinato por celos.

Va sin sombrero, no se pide wisky sin hielo a esta hora, es casado, tiene dos hijos, curiosamente maneja un viejísimo celular “porque son los que mejor andan”, pero confiesa que es muy hábil con la tecnología, algo imprescindible para alguien que se gana la vida como investigador privado. 
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