Tendencias urbanas
El proyecto para instalar camiones de comida callejera en la Cuna de la Bandera fue aprobado y sólo falta su reglamentación. Del otro lado, gastronómicos creen que el formato representa una “competencia desleal”.
Ariel Echecury
redaccion@miradorprovincial.com
Los food trucks ya tienen vía libre para avanzar en Rosario. Pese a la fuerte oposición del sector gastronómico local, el proyecto de ordenanza para habilitar la instalación de camiones de comida callejera fue aprobado en el Concejo rosarino y sólo resta su reglamentación. Ahora, la Municipalidad de Rosario deberá determinar los lugares en los cuales podrán emplazarse los food trucks y los requisitos que se solicitarán para su habilitación.
Como es tendencia en las grandes capitales del mundo, Rosario también tendrá un circuito de food truck que ofrecerá platos elaborados a precios accesibles. Según el concejal radical, Martín Rosúa, titular de la Comisión de Producción y Empleo, y uno de los impulsores de la iniciativa junto a Carlos Comi y Jorge Boasso, la radicación de los food trucks será “una herramienta de generación de fuentes de trabajo para emprendedores gastronómicos”.
Hasta el momento, estos camiones especialmente acondicionados estaban limitados a trabajar en eventos privados, ferias y espacios a cielo abierto, siempre con la misma fórmula: menúes gourmet, cocina de autor y comida saludable.
El proyecto para habilitar la venta de comida en camiones en Rosario ingresó en el Concejo en 2014, pero permaneció archivado durante largos meses debido a la fuerte oposición de comerciantes del rubro gastronómico. Hace un mes, un grupo de ediles logró volver a poner en agenda el tema, y aunque con mucha polémica, la medida fue aprobada por el cuerpo legislativo sobre el fin de la semana pasada.
Del otro lado de la vereda, la reactivación del proyecto generó un dura reacción de los gastronómicos que pusieron el grito en el cielo. A través de un comunicado denunciaron que la iniciativa se trataría de una ‘competencia desleal que avala la ubicación de los nuevos ‘manteros de la comida’. “Falta una discusión más profunda sobre el tema. La ordenanza tiene muchas falencias, y entendemos que es criticable en un montón de aspectos importantes”, explicó a Mirador Provincial, Rodrigo Pastor, presidente de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica y Afines Rosario (Aehgar).
Lo cierto es que a pesar de la dura ofensiva de un sector de empresarios gastronómicos, el proyecto es hoy una realidad y el próximo paso será motorizar una reglamentación que deje conformes a todos; empresarios, interesados y público en general. En esta instancia, Rosúa propone sentar a la misma mesa a dueños de comercios de gastronomía tradicional, emprendedores del rubro y posibles interesados en el negocio.
La normativa
Según aseguran los concejales, en el marco de la reglamentación deberán hacerse estudios para establecer las zonas de ubicación y la cantidad de unidades que podrán ser habilitadas. Eso sí, los camiones de comidas o food trucks sólo podrán comercializar alimentos y bebidas acreditando que la procedencia de los productos o sus insumos, provengan de establecimientos registrados y habilitados.
Se abre ahora la discusión sobre qué tipo de mecanismo echará mano la Municipalidad para otorgar las licencias y la manera en que se integrarán a los circuitos gastronómicos de la ciudad. En principio, la idea es que los camiones vayan rotando y que las chapas se otorguen a través de un proceso licitatorio similar al de los taxis, para no caer en un reparto discrecional.
Cambia, todo cambia
Para ser aprobada, la iniciativa sufrió dos importantes retoques; se eliminó el registro único de actividad comercial lo cual habilita a restaurantes y bares a tener también su propio food truck- y la otra establece 200 metros de distancia mínima entre locales de gastronomía tradicional y el lugar de ubicación habilitado para los food trucks. Además, está previsto que los food trucks funcionen en espacios y horarios determinados, para no perjudicar al resto de la actividad gastronómica existente.
La introducción de estas correcciones al proyecto original, buscó apaciguar la postura de gastronómicos que, sin embargo, continúan sosteniendo que el formato de food truck motiva la “competencia desleal”. Para el representante de la asociación gastronómica, la medida es inoportuna ya que según entiende el sector “no está pasando por un buen momento” y que instalar una nueva figura que enfrente a la gastronomía tradicional representa una grave amenaza para el rubro.
Mientras, los concejales defienden a capa y espada el proyecto, y aseguran que el mismo muy lejos de ser una competencia puede resultar beneficioso. “Existe una confusión grande de los gastronómicos que no pueden ver a los food truck como lo que son: una oportunidad de negocios extra para ellos y no una competencia porque responde a una demanda de consumo segmentada”, apuntó Rosúa, que cruzó también fuerte a los empresarios del sector.
UN NEGOCIO SOBRE RUEDAS
Lisandro Belotti, Juan Pablo González y Hernán Mantoani, son un grupo de rosarios que hace tiempo trabajan un servicio de “combi bar” para eventos empresariales, casamientos, y fiestas privadas. Ahora, con la legislación de la actividad apuestan a meterse de lleno en el negocio.
Empezaron con una vieja Kombi Volkswagen modelo 86, que tras mucho esfuerzo lograron ponerla a nuevo y la bautizaron “Farruquito”. “La encontramos muy deteriorada, abandonada en un depósito, pero con el motor impecable y con el tiempo, la convertimos por completo”, contó Belotti, uno de los socios emprendedores.
El rosarino vivió fuera del país durante 10 años; se repartió entre Madrid y Barcelona y fue allí dónde conoció el negocio de la comida callejera y volvió entusiasmo con la idea de llevarlo a cabo en la ciudad. “Nos contratan, llevamos coctelería profesional, se abre la ventana de la camioneta y comenzamos a trabajar. A la gente le gusta porque llama mucho la atención vernos servir tragos y comida desde una combi antigua”, explicó.
Además de “Farruquito”, el grupo de emprendedores tiene otra combi: “Amelie”, la versión “food truck” de la coqueta cafetería que funciona en la zona del Bajo rosarino. Y por si fuera poco, están metidos en la puesta a punto de un nuevo camión americano, Grumman Olson, modelo 94, que pronto saldrá a la calle.
EN NUEVA YORK
De acuerdo al departamento de Salud de la ciudad de Nueva York, en la urbe existen registrados 5.100 vendedores de alimentos en alguna clase de movilidad, particularmente de helados y hot dogs. Del total, aproximadamente unos 100 son vehículos de cierto porte dedicados a la venta gourmet. En 2012 la cantidad de food truck alcanzaba a 50 unidades, la cual que se duplicó en tres años. En aquel momento daba empleo a 750 personas y pagaba impuestos por 3 millones de dólares.



















